La genética al servicio de la detección de roedores y el diagnostico de higiene

Los roedores son, de lejos, los mamíferos con más presencia en la tierra. Algunas especies son altamente dependientes de un entorno específico, mientras que otras son oportunistas y se adaptan fácilmente a los cambios del mismo. Es con respecto a estos roedores comensales, que viven en contacto con el hombre, contra los que llevamos milenios luchando dado que causan daños y transmiten patógenos que pueden afectar a la salud. Los métodos de lucha contra ellos evolucionan constantemente y es necesario innovar para contrarrestar su adaptación conductual y biológica en tiempo real.

Control de roedores: recordatorios.

El hombre siempre ha luchado contra los roedores y, en particular, los roedores que viven en su mismo entorno. Las razones de esta lucha son eminentemente sanitarias. De hecho, estas especies comensales (ratas pardas, ratas negras y ratones) son capaces de transmitlr patologías infecciosas a humanos tan variadas como hantavirus, leptospirosis y otras numerosas bacterias patógenas (Lasseur et al.,2007). Por su parte, los roedores de campo (principalmente ratones terrestres, topillos de campo y ratones silvestres) están menos en contacto con los seres humanos, pero también pueden transmitlr o ser una fuente de numerosas zoonosis (enfermedades patógenas transmisibles a los seres humanos) (Lasseur et al., 2008).

Estos roedores son la causa de daños principalmente económicos en el sector de la agricultura, la huerta o incluso en espacios verdes privados (jardines, céspedes). El control de los roedores se justifrca así sobre dos ejes principales: la protección de la salud pública (principalmente roedores comensales) y la protección de los bienes y producciones (todos los roedores). La lucha contra los roedores comensales también liene un objetivo psicosociológico: evitar la mala imagen de una zona poblada plagada de ellos.

Actualmente, el principal método de control es distribuir cebos en el entorno en el que estos viven. Estos cebos contienen anticoagulantes que, 3 a 4 días después de la ingestión, interrumpe la actividad de la coagulación y provoca sangrado interno, una fase de coma y luego la muerte del roedor. Los anticoagulantes se han utilizado durante muchos años por su efectividad, en particular por su capacidad para eludir el fenómeno de la aversión al alimento (debido a su acción retardada) presente en los roedores comensales (capacidad de asociar el consumo de cebo y la muerte si estos dos eventos no están suficientemente distanciados en el tiempo). La alfacloralosa es la otra molécula sintética ampliamente ullizada en el control de roedores.

Aumento de la regulación

En las úllrmas décadas, las regulaciones se han vuelto muy drásticas con respecto a las sustancias químicas en todo el mundo, con la consecuente limitación de su uso y la restricción del acceso para los no profesionales. Este es el caso, en particular, de los productos que pueden utilizarse para el control de los roedores, cuyo acceso y uso se ha vuelto complejo para el profesional de la higiene y, más aún, para el particular. El problema con esta presión reguladora es que el profesional puede carecer de soluciones efectivas de control de roedores cuando se enfrenta a situaciones de salud graves.

En el caso de grandes infestaciones (con riesgo para la salud) en entornos que lo permitan, y siempre y cuando sean aplicados por profesionales capacitados y formados en el manejo del riesgo tóxico, es importante mantener el uso de prodructos "biocidas". Sin embargo, es necesario ampliar la variedad de soluciones de control para otras situaciones en las que tal uso no es aconsejable o deseable. Esto implica, por un lado, aceptar que el uso de rodenticidas químicos es esencial en tratamientos justificados y, por otro lado, que el profesional, en un enfoque integrado de manejo de roedores, debe necesariamente llevar a cabo un diagnóstico preliminar y, por lo tanto, debe identificar la población de roedores existente antes de decidir sobre el cebo o la etapa de control de captura.

La necesidad de un diagnóstico previo: el enfoque IPM

Es el propio profesional de la higiene, un eslabón crucial en la aplicación de las políticas de salud, quien se encuentra en el dilema de tener que gestionar las poblaciones de roedores con un arsenal de medios. Es por ello que esta profesión debe adaptarse para seguìr siendo eficaz ante las exigencias del cliente, que siguen siendo altas. También es una oportunidad para que la industria proporcione al profesional los medios para trabajar de manera diferente, para anticipar más y para prevenir el desarrollo de especies invasoras. De hecho, más que un "Pest Control Operator" (Operario de Control de Plagas), el profesional de la higiene tendrá que ampliar su base de intervención para convertirse en un "Pest Management Operator" (Operario de Gestión de Plagas) que también integra la intervención del profesional más allá del uso de los productos de control de especies invasoras. Esto implica la implementación de un programa "lPM" (lntegrated Pest Management), que implica dar un papel al Operario de Control de Plagas en fases muy tempranas del desarrollo del problema con Ia especie invasora, En concreto, esto signifrca dar un papel crucial a la inspección y al diagnóstico realizado para llevar a cabo una cartografía de riesgo de roedores sobre

terreno con el objetivo de comprender los problemas de salud con respecto a la actividad del entorno, vigilar Ias poblaciones de roedores (presentes o ausentes) y predecir las acciones potenciales que se tomarán para manejar estos roedores si se cruza el umbral definido en términos de nocividad.

En este enfoque de "lPM" el diagnóstico permanente sobre el terreno se convierte en el paso crucial para una gestión eficaz de los roedores. Esta etapa de diagnóstico y seguimiento de la posible población de roedores permite detectar la ausencia o presencia de los mismos y saber si un tratamiento debe realizarse según los riesgos potenciales. Sin embargo, también es muy importante ir más allá de la información cuantitativa que puede proporcionar un simple monitoreo de la población de roedores. De hecho, para llevar a cabo acciones específicas en roedores, es necesario poder identificar las 3 principales especies comensales, así como, por supuesto, la biología y el riesgo sanitario asociado (transporte de patógenos que se pueden diseminar en el entorno). Además, su estatus en cuanto a resistencia anticoagulante es un aspecto crucial para la elección del método de control implementado. La identificación de la resistencia, que es teóricamente posible a través de la recolección y análisis genético de un fragmento biológico tomado in situ (cola, oído o pieza de dedo del roedor), muy rara vez se hace en la práctica. Su dificultad de implementación y la tardanza en la respuesta la convierten en poco compatible con un diagnóstico de situación. Además, en algunos sitios, los roedores de campo (ratón de campo, topillo de campo) se acercan ocasionalmente a ediflcios y viviendas sin tratar de penetrar en las instalaciones. Así se observa que es muy importante poder distinguir estas situaciones diferentes gracias a un diagnóstico fiable, dado que la acción del profesional de la higiene será diferente en un caso o en otro. Por último, la gestión de los roedores, incluyendo comensal, se justifica por la posibilidad de la dispersión de patógenos en el entorno en el que viven. Sin embargo, hasta el momento, no se ha Ilevado a cabo ningún monitoreo de patógenos portados por roedores, lo que permitiría al profesional establecer un diagnóstico de salud de la población.

La totalidad del diagnóstico así descrito puede resultar difícil porque el profesional rara vez tiene la oportunidad de ver al roedor y aún más rara vez cuenta con la ocasión de disponer de ejemplares vivos o muertos sobre los que hacer el diagnóstico para establecer su resistencia. Sin embargo, la presencia de roedores siempre se asocia a la presencia de excrementos y, muy a menudo, éstos son el principal índice de su actividad, sin que se asocie necesariamente a las especies que lo causaron.

Por lo tanto, hemos comenzado a desarrollar una herramienta diagnóstica del roedor analizando genéticamente la muestra más fácilmente disponible del mismo: sus heces. Esto, con el objetivo de conocer si el roedor es resistente a los anticoagulantes y si es portador de patógenos.

La genética al servicio del diagnóstico de roedores: habla el material genético contenido en los excrementos

Conocer cualitativamente al roedor instalado en un entorno es un factor importante para el profesional. Esto le permite implementar acciones de gestión sin demora en caso de que representen un riesgo para la salud. Previamente, eso sí, una muestra biológica (dedo, oído, fragmento de cola) tiene que estar disponible para el diagnóstico genético del roedor y para extraer cle él el ADN. Este tipo de diagnóstico, por otra parte, no proporcionaría información sobre los patógenos potenciales portados por este roedor. Sí, en cambio, los excrementos del mismo que contienen su propio ADN, además del ADN de su alimento y, finalmente, el ADN de los patógenos de los que es portador.

El uso de las heces de los roedores para este diagnóstico fue un desafío tecnológico real porque tuvimos que desarrollar todas las técnicas necesarias para extraer y explotar al mismo tiempo el ADN del roedor, asi como el ADN de los patógenos alojados en él.

Por lo tanto, la extracción y el uso de ADN de excrementos nos permite identificar con certeza unas 13 especies distintas de roedores (ratas, ratones, topillos de campo, ratones de campo) o especies que frecuentan el mismo entorno (musaraña, garduña, marta). Esto también nos permite detectar la presencia de todas las mutaciones presentes en el gen VKORC1- en la posición 120, 128 y 139 y descritas en la literatura científica como el principal responsable de la resistencia de los roedores a los anticoagulantes de primera generación (warfarina, clorofacinona y cumatetralilo) y de segunda generación (bromadiolonay / o difenacum versus mutación) (Pelz y Prescott, 2015; RRAC,2015). Por último, la explotación de este ADN también nos permite identificar 8 bacterias, reconocidas como muy impactantes para la salud, y cuya presencia aporta una información de primer orden al profesional. La combinación exitosa de la búsqueda de estas tres características del roedor (con un grado muy alto de certidumbre) en una muestra tan fácilmente accesible como los excrementos, sólo es posible a través de la genética. Es la primera vez que este diagnóstico de salud del roedor es accesible para los profesionales de la higiene y los encargados del control de las especies invasoras.

Texto publicado en Octubre en la revista Infoplagas 77/2017

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